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URBANISMO SOCIAL

Cuando pensamos en justicia espacial y equidad es tentador romantizar los términos, y crear un imaginario irreal y abstracto de lo que esto signinfica dentro de una ciudad. Pero, ¿cuáles son las bases para lograr ciudades justas y equitativas? Para profundizar sobre este tema, nos acompañó la profesora Diane Davis, del GSD de Harvard en el último conversatorio de este cuatrimestre, “Urbanismo Social”.

Davis señala que la inequidad socio espacial es una característica endémica en las ciudades, particularmente en América Latina. Cuando volvemos la mirada a nuestras ciudades, es muy díficil refutar esta afirmación. Estas ciudades son de grandes contrastes, donde la inequidad se ha establecido como un normal. ¿Cómo hacemos frente a esta realidad?

Dentro de sus reflexiones destaca la noción de entender la ‘esfera pública’, como una serie de espacios (públicos) que se interconectan a través de distintas escalas. En estos espacios se debe tener agencia sobre la vida en la ciudad entre lo político y social. Entre las escalas y la vida en ciudad se construye lo que ella llama una noción de soberanía urbana en pro de la equidad, la inclusión y la justicia urbano-espacial. Ante estas coyunturas Davis considera que el cambio se puede dar desde una mediación que provoca enlaces ciudadanos con las estructuras políticas, donde finalmente todos pertenecemos y podemos luchar por el reconocimiento cultural dentro de los espacios que compartimos.

Davis nos habla de las dos escalas básicas en el desarrollo de intervenciones que buscan la justicia espacial: la escala local y la nacional. Cuando hablamos de escala local, entendemos que esta se trata de programas que son llevados a cabo con las comunidades, generalmente a modo de talleres participativos. La escala nacional incluye el desarrollo de programas de bienestar y de políticas públicas. Estos son los acercamientos más comunes y replicados cuando se está lidiando con asuntos de injusticia espacial, y Davis asegura que no por ser estándar son ineficientes o inútiles. Sin embargo, para ella, muchos de los retos más grandes a los que nos enfrentamos tienen sus limitantes cuando son trabajados únicamente desde estas dos escalas. Por esta razón, Davis cree en una escala intermedia de acción entre las comunidades y la nación. Esta nueva escala de intervención debe plantearse desde el traslape de las acciones a nivel local y nacional.

Davis hace referencia a Lefebvre y su ideología, interpretando el “derecho a la ciudad” como un derecho a la justicia. Esta realización nos hace reflexionar sobre la naturaleza de los espacios urbanos, y como este “derecho a la ciudad” no depende únicamente de la existencia del espacio urbano, sino más bien de las condiciones -en términos de justicia y equidad- que promueve el mismo. Como sociedad no podemos asumir el derecho a la ciudad si esta no atiende la diversidad y justicia que todos merecemos.

El concepto de soberanía urbana es introducido como una forma de pensar nuevas formas de equidad, inclusión y justicia espacial. Esta soberanía es explorada bajo el concepto de la “comunidad imaginada”. Estas comunidades, imaginadas de manera colectiva, son comunidades en las que existe un gran sentido de pertenencia y arraigo. La construcción social de estas comunidades es el resultado de la unión entre personas que se sienten parte de un mismo grupo, identificadas con sus valores y creencias.

La inclusión no debe ser una idea que exista solamente dentro de las mentes de las personas, sino que debe ser garantizada a través de derechos y reciprocidades acordadas. Es así como entendemos el valor de la agencia, y de concretar nuestras ideas.

Para Davis, existen varias formas en las que se materializa la exclusión urbana. Entre estas están la infraestructura divisiva, la distribución desigual de bienes y servicios públicos, los espacios públicos limitados, y el discurso retórico que habla sobre historia y pertenencia. Todas estas formas se convierten en patrones que se repiten en diferentes ciudades alrededor del mundo. Sin embargo, aunque las formas en que las injusticias espaciales se materializan son similares, existen muchas variables que hacen que cada ciudad tenga sus condiciones específicas. Entre estas variables podemos incluir las prácticas de los gobiernos locales y el papel de los partidos políticos, y las repercusiones de estos sobre la reducción o el aumento de divisiones.

Debemos procurar un cambio en el discurso predominante en temas urbanos. Buscar alternativas, y alejarnos de las respuestas “estándar” que existen para lidiar con problemas de justicia espacial, y buscar nuevas formas para la construcción de justicia espacial, recordando que se trata de un derecho para todos.


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